Cuando estoy muy triste por algo que me ha pasado, cojo la moto y dejo que me lloren los ojos. Después, subo a Vallvidrera y dejo que el viento seque mis lágrimas. Paro en el mirador y observando la ciudad, intento dejar la mente en blanco. A los 15 minutos pienso que lo sucedido ha sido una tontería y entonces experimento la paz en todos los sentidos. Vuelvo a coger la moto con la paz a mis espaldas y empiezo a respirar tranqulidad, empiezo a sentirme bien.
Seguro que el aire de por ahí arriba tiene algo raro.
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